07 de mayo
PARTE DE GUERRA DE LA SIBILA LOCAL: Con la derecha tocada por una cruz de gladiolos y sus hombres sumidos en esa dulce decadencia del manos a la obra (?)... o esa otra costumbre de las caídas de imperios que se resume en tactos ajenos y piel furtiva, la izquierda moderadarradical se lame sus heridas buscando dinosaurios.
Sólo revolución o cambio nítido puede armar otro mundo. No sirven los que están ni los que estaban... ni los que han de venir, probablemente.
Se presumen barrotes, pan y agua para los que hoy, altivos, pasean su rápida riqueza por las calles.
El mejor oficio del granito es el de tumba.
Se anuncian elecciones y la sibila espera el paso de los féretros cantando.
«Vencerás no regresarás». Cantan los cisnes.
(12:39 horas) Si pudiera regresar al origen e ir borrando cada paso dado, cada mirada posada en un cuerpo o cada cosa poseída... lo haría sin dudarlo hasta sentir el húmedo refugio de lo amnótico y volver a ser yo sencillamente.
Olvidado en el vientre de mi madre, siendo amor en el amor y cuerpo haciéndose, sin un sol que mirar, pero con su latido constante dando ritmo a mis miembros entumidos.
(13:02 horas) Decía el genial Nietzsche que «lo totalmente cercano y lo totalmente lejano son lo sublime», dos «lugares» a los que es imposible llegar de forma alguna –la individualidad y Dios– porque no existen más que como sublimación de la vulgaridad, que es el lugar común en el que desarrollamos la vida. Y sin embargo nos empeñamos en acercarnos a lo sublime sin medir la tremenda dosis de irrealidad que nos metemos en vena y los peligros que ello nos trae. La conclusión mejor es que quizás en la mediocridad del solitario esté el gozo de los vencidos. Yo prefiero, en todo caso, buscar por el lado de lo «totalmente cercano».
(18:56 horas) Asentir ante el conocimiento del que se pone enfrente es demostrar una total ignoracia sobre el que se pone enfrente, no de su conocimiento, que probablemente es resultado de su imperfección y, por tanto, encierra su miseria. Es importante dudar de quien da muestras de conocer y de su mismo conocimiento para sujetar mejor nuestro paso. En fin, que debemos tratar al otro siempre como igual y no admitir jamás en nuestro interior sensaciones de superioridad o inferioridad respecto al otro ni respecto a nosotros mismo... somos iguales en ambiciones y en posibilidades inconcretas; somos iguales en la física, en la química y en la microbiología; somos iguales en la medida que nos separa del horizonte, en el final seguro, en el oxígeno respirado, en el agua compartida, en la transformación y la nada... Nadie sabe más que otro, porque las respuestas siempre existen antes de las preguntas y su conocimiento es pura anécdota... las respuestas existen antes que el hombre dejara su primera huella sobre el barro. Afirmar que el otro es poseedor de conocimiento es afirmar que es dueño de la nada.
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