luis felipe comendador: Ir a la página principal

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17 de mayo

••• NUEVO FORMATO DEL DIARIO DE UN SAVONAROLA EN: http://diariodeunsavonarola.blogspot.com ••• Confieso que no me gusta demasiado el fútbol, pero siento pasión por el Barça desde que era chiquitillo. Y vengo de ver la primera parte de la final de la copa de campeones y he decidido pasar, pues me pone muy nervioso que todo esté sujeto al fallo humano... al del árbitro. Sé que no es importante, que al lado de la dimensión que tiene el capitalismo fascista de Bush y sus sicarios, de las últimas declaraciones del «juijueputa» Aznar en el Reino Unido –afirmaba que «Europa debe ser católica y blanca»–, del hambre en el mundo y de todos los desmanes graves y mínimos de cada uno de los políticos de la Tierra.... el fútbol es una mierda miserable... pero yo aún sigo poniéndome nervioso con mi Barça. En fin... buscaré relax en el «Key to the highway» de la brutal Dinah Washington y empezaré la lectura sosegada del «Memorias de un revolucionario: Piotr Alexéivich Kropotkin» que me regaló Norio. (21:48 horas) Estoy ahora justo donde otros se detendrán más tarde, en un lugar que no sé concretar, pero del que expulso al aire con mi volumen, y me gustaría que se quedase aquí un rescoldo de mi sombra para sumarse en otro tiempo a la sombra del que aquí se detenga para que sepa sin saberlo que estuve aquí y pensé en la inexistencia, en el ardor, en la muerte y en la vida... y que lo hice sin poder trascender, pero con enconada voluntad de saber e intentar conocerme/reconocerme. [Me resulta imposible leer a Kropotkin en este estado de ansiedad que me ha producido el fútbol y me limito a escribir lo que aflora y a seguir escuchando a Dinah para buscar la tranquilidad que deseo.] Y a veces dudo entre si lo que busco es claridad, hallazgos... o una oscuridad total para cerrar los ojos y decidir olvidar. Esto me sucede porque en la medida en que me llega algún destello, crece en mí una sensación de debilidad que se hace grave si persevero en la luz. Entonces me doy cuenta de que me estoy convirtiendo en un tipo obsesivo y difícil para mí mismo. Está claro que para huir necesito rodearme de cosas entrañables, de mi gente –que es exactamente mi familia– o de mi ansiada soledad tranquila. En fin, que acabo de decidir que me voy a tirar la noche trabajando en algunos asuntos profesionales que tengo pendientes. Es otra forma de olvidar... hasta que me llegue el sueño.

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